La historia de La Diana presentada por Florencia Bonelli

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La historia de La Diana presentada por Florencia Bonelli

La autora de Dime, ¿quién es como Dios? cuenta detalles desconocidos de la novela que más le costó escribir, según admite.

 

-Conocíamos a Diana porque fue la custodia y amiga de Matilde Martínez, la protagonista femenina de la trilogía
“Caballo de Fuego”. ¿Por qué decidiste convertir la historia de ese personaje secundario en dos novelas más?

Quise darle el final feliz que no le había dado en “Caballo de Fuego”. Con mis personajes me sucede lo mismo que a una madre ama a sus hijos: quiero que sean felices y que tengan paz. Muchas lectoras me cuestionaron el destino de Diana en “Caballo de Fuego”, pero yo sentía que no había llegado el tiempo de sanación para ella. Todavía le quedaba por recorrer un largo camino, el que transita en “Aquí hay dragones” y en “Dime, ¿quién es como Dios?”.

 

-¿Qué es lo que más te conmueve del pasado de Diana y de su presente?

Dos cosas: su valor y su capacidad de resurgir de las cenizas. Esos dos talentos de La Diana las mantuvieron con vida a ella y a su hermana Leila durante los años de cautiverio en el campo de concentración de Rogatica. Sin embargo, las heridas de Diana eran tan profundas, que aún le dolían. Tenía que sanar por completo, cerrar esas heridas para siempre, un proceso dificilísimo si lo encaraba completamente sola. Pero La Diana encuentra a un compañero que, al igual que ella, ha sufrido y sabe lo que es el dolor.

 

– Como Diana, Lazar Kovać también puso su dolor en acción. Solo que él no pelea con armas, sino con una ONG que rescata a niños y mujeres víctimas de la trata de personas. ¿Creés que, sin esas similitudes, les hubiera costado más entregarse al otro?

Cuando me planteé escribir esta historia sabía dos cosas: la primera, que era preciso que el protagonista hubiese sufrido tanto o más que La Diana porque de ese modo se establecería un diálogo entre iguales. Una cosa que caracteriza a las víctimas de abusos sexuales es que se sienten parias, sucios, marginados. Cuando encuentran un alma gemela enseguida se reconocen. Y esto me da pie para explicar la segunda condición que me impuse al crear esta historia: tenía que ser amor a primera vista. Lo que surgiera entre La Diana y Kovać tenía que ser algo que los cegara, que les quitase el respiro, que nos les permitiese pensar ni analizar mucho porque entonces habrían caído en las viejas dinámicas de esconderse y no entregarse por miedo a sufrir y a revelar sus miserias.

 

-¿Algún rasgo de Kovać está inspirado en alguna persona de la vida real?

Solo su aspecto físico. Sabía que los serbios eran de rasgos eslavos, altos y corpulentos, pero quise ahondar más en la cuestión de su apariencia física. Entonces comencé a buscar en Internet y encontré un modelo serbio al que, apenas vi, dije: “Es Lazar”.

 

-¿Diana representa algún arquetipo de mujer para vos?

La Diana es una mujer con M mayúscula. Para mí, las mujeres son el arquetipo de la valentía y del poder. Lo veo una y otra vez cuando leo e investigo la historia de países en perpetua guerra, como Congo o Gaza. Son las mujeres las que sostienen a las familias y a los hijos en un ambiente extremadamente hostil. Me inclino ante ellas.
Creo que somos las criaturas más fuertes de la especie humana y que nuestro poder es tan enorme, que ha sido necesario mantenernos sometidas porque nos temen. Cuando hablo de “poder” no me refiero al concepto tradicional, como lo entiende el varón, sino al poder verdadero, el de la Naturaleza, el de la percepción, el de la intuición, el de la magia de la procreación. El del amor.

 

-La historia de La Diana muestra la gran potencia del amor, pero que también expone la crueldad en su estado más salvaje. ¿Cómo fue transitar como autora esas atrocidades que investigaste y después narraste?

Fue durísimo. Es la novela que más me costó escribir, justamente por los horrores que descubrí mientras investigaba. De hecho, tuve que hacer una pausa de unos meses porque me había deprimido. Estaba enojada con el género humano. Un poco, aún lo estoy.

 

-La novela habla de algunas situaciones horrorosas enmarcadas por la guerra, como la corrupción, la trata de personas y el abuso sexual. Pero también aborda otras cuestiones, como la manipulación genética, el espionaje científico y esos grandes grupos de poder que se benefician con las guerras. ¿Ya sabías de antemano qué temas ibas a abordar o algunos surgieron a medida que ahondabas la investigación?

Lo de abordar el tema del tráfico de personas surgió mientras investigaba. Descubrí que una de las secuelas de la Guerra de Bosnia fue justamente el incremento de la demanda de sexo pagado debido a la gran cantidad de soldados y funcionarios que ingresaron en el país tras los Acuerdos de Dayton para preservar la paz. ¡Qué paradoja!
Lo de la manipulación genética y los grandes grupos de poder son temas que me apasionan desde hace años y creí que había llegado el momento de abordarlos. La historia de La Diana me ofrecía el marco perfecto para hacerlo.

 

-¿Qué te enseñó la historia de Diana?

Me enseñó que nacemos con una capacidad para sanarnos a nosotros mismos inmensa, casi sobrenatural. Y la perdemos a medida que nos dejamos influenciar por los conceptos y principios de una sociedad banal y consumista. Es hora de recuperarla.

 

-¿Cómo imaginás el futuro de Diana y su familia?

Feliz, pero no porque no tengan problemas -todas las familias los tienen-, sino porque se aman con amor verdadero, ese que prioriza al otro y a su bienestar.

 

-¿Volveremos a saber de ellos?

Si Dios quiere, sí.

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